Pero si bien sabemos como
es nuestra Madre y cuánto nos ama, tendremos que preguntarnos: ¿Cómo somos
nosotros como hijos? ¿realmente queremos a nuestra Madre y tratamos de imitarla?
Hoy en todos los rincones de España, acompañamos a María en su desolación, y
meditamos sus dolores, hoy la imagen de María Desolada, en mi pueblo, (en otros
lugares tendrán otra advocación), se siente acompañada por sus hijos, siente
que entienden y comparten su dolor, pero..... ¿Estamos dispuestos a acompañarla
siempre?, ¿a ayudar a otros hermanos que sufren amarguras, enfermedad, soledad,
ancianidad, abandono, guerras...? Nos resulta muy duro enfrentarnos a tanto
dolor del día a día que hay a nuestro alrededor, y que en algún momento de
nuestra vida nos puede haber tocado, y es en ese momento cuando nos cuesta
acompañar a María en su dolor, en el dolor de nuestros hermanos. María Madre
mía, ayudarme a portarme como hija tuya en todo momento, a acompañarte en tu
dolor, no solo en Sábado Santo, sino en todos los sábados de amargura y
desolación que tienen mis hermanos. Bien es cierto que hay situaciones a las
que no sabré como o no podré acompañar por estar distantes, pero en esas
situaciones nunca falte mi oración para que la Madre les acompañe y aliente,
con la certeza de que tras la Cruz y desolación, llega la Gloria de la
Resurrección.
