Siempre lo necesitamos, pero en tiempo de pandemia nos es imprescindible el ÁNIMO. El Papa Francisco lo recodaba en la Noche de la Vigilia Pascual: “Si en el camino eres débil y frágil, si caes, no temas, Dios te tiende la mano y te dice: «Ánimo”. Pero tú podrías decir, como don Abundio: «El valor no se lo puede dar uno a uno mismo» (A. Manzoni, Los Novios, XXV). No te lo puedes dar, pero lo puedes recibir como don. Basta abrir el corazón en la oración, basta levantar un poco esa piedra puesta en la entrada de tu corazón para dejar entrar la luz de Jesús. Basta invitarlo: “Ven, Jesús, en medio de mis miedos, y dime también: Ánimo”. Contigo, Señor, seremos probados, pero no turbados. Y, a pesar de la tristeza que podamos albergar, sentiremos que debemos esperar, porque contigo la cruz florece en resurrección, porque Tú estás con nosotros en la oscuridad de nuestras noches, eres certeza en nuestras incertidumbres, Palabra en nuestros silencios, y nada podrá nunca robarnos el amor que nos tienes (Homilía de la Vigilia Pascual, 11-4-20). “No te dejes vencer en la lucha - y verás que tus adentros se inflaman - y de Jesús un “¡ÁNIMO!” escuchas”.
