En este tiempo de pandemia, mucha gente piensa que es el mismo Dios quien nos mete en estas pruebas (en estas tentaciones). Escuchemos al Papa Francisco que nos dice: “De cualquier modo que se entienda el texto griego, debemos excluir que sea Dios el protagonista de las tentaciones… Como si Dios estuviese al acecho para poner trampas … a sus hijos. Una interpretación de este tipo… está lejos de la imagen de Dios que Jesús nos reveló. No olvidemos: el Padre Nuestro comienza con “Padre”. Y un padre no pone trampas a sus hijos. Los cristianos no tienen nada que ver con un Dios envidioso, en competencia con el hombre, o que disfruta poniéndolo a prueba… Leemos en la Carta de Santiago: «Ninguno, cuando sea probado, diga: “es Dios quien me prueba”; porque Dios ni es probado por el mal ni él prueba a nadie»» (1, 13). Al contrario: el Padre no es el autor del mal, a ningún hijo que pide un pez le da una culebra (cf. Lucas 11, 11) ... Cuando el mal aparece en la vida del hombre, Dios lucha contra él, al lado del hombre, para que pueda ser liberado. Un Dios que siempre lucha por nosotros, no contra nosotros. ¡Él es el Padre!” (Audiencia, 1-5-19). “Dios es quien en la tentación sostiene - para evitar nuestras caídas locas - y así ver cómo fieles nos mantiene”.
