“En estos tiempos de pandemia, el misterio del mal se agranda. El “líbranos”, nos sale de la boca y del corazón. Y es que como recordaba el Papa Francisco, “con esta doble súplica: «no nos abandones» y «líbranos», se expresa una característica esencial de la oración cristiana. Jesús enseña a sus amigos a poner la invocación del Padre delante de todo, … La oración cristiana no cierra los ojos a la vida. Es una oración filial, pero no infantil. No está tan prendada de la paternidad de Dios, como para olvidar que el camino del hombre está plagado de dificultades. Si no estuvieran los últimos versículos del Padre Nuestro ¿cómo podrían rezar los pecadores, los perseguidos, los desesperados, los moribundos? … Hay un mal en nuestra vida, que es una presencia inexpugnable. Los libros de historia son el desolador catálogo de que nuestra existencia en este mundo ha sido una experiencia fallida. Hay un mal misterioso, que, cierto, no es obra de Dios, pero que penetra silencioso en los pliegues de la historia. … En algún momento parece que lleva la ventaja: en ciertos días su presencia parece incluso más nítida que la de la misericordia de Dios” (Audiencia, 15-5-19). “Por eso a Dios rogamos que nos libre - de esa otra cruel pandemia que nos ata; - y que del Mal nos haga más sensibles”.
