La “inspiración viene”, hoy, de Jeremías (1 Lectura del domingo XXII). Al profeta le cuesta tanto desgaste anunciar la Palabra que ya no puede más… y de su boca sale un lamento, una queja: se siente “forzado” por Dios. El anuncio de Jeremías es duro (“violencia y destrucción”), pero más dura es aún la reacción (“todos se burlaban de mí”… “la Palabra se me volvió oprobio y desprecio todo el día”). Y Jeremías, desolado, llega a un propósito negativo: “ya no me acordaré de Él, ya no hablaré más en su nombre” (ya no seré “profeta”) – niega su vocación – Y de dentro – no postiza – le viene la respuesta. La Palabra es más fuerte que su queja: un fuego tan ardiente que no podía apagarlo… Buen modelo para ahondar en la “oración de queja” que, en estos días, sale con frecuencia de nuestra boca.
