Podríamos pensar que nuestro esfuerzo personal, familiar y comunitario es muy poca cosa, sobre todo en este tiempo de pandemia, donde todo nos sobrepasa. Sobre la pequeñez de la levadura y el proceso de transformación que genera, recordaba el Papa Francisco: “la levadura no se mantiene levadura…; se mezcla con la harina, está en camino y hace el pan»; … «la levadura muere: se mezcla con la harina y se convierte en pan para todos, comida para todos....». “No se trata de «un problema de pequeñez», … Es, más bien, «un problema de camino», y precisamente en el camino «sucede la transformación»…: «la harina deja de ser harina y se convierte en pan, porque es dócil a la fuerza de la levadura»; y aún más: «la levadura se deja amasar con la harina». Y aunque «la harina no tiene sentimientos», podríamos pensar que en ese «dejarse amasar» se dé «algún sufrimiento», así como, después, en el «dejarse cocer» (Homilía 25-10.16). “Si piensas no tener envergadura, - a Quien te ama, tu pequeñez ofrece - y sus manos te harán ser LEVADURA”.
