La pandemia que estamos viviendo no es fruto de la “voluntad de Dios”. La pandemia la sufrimos como un mal (en medio de tantos otros) que no responde al querer de Dios. Comentaba el Papa Francisco en sus catequesis sobre el Padre Nuestro: “Dios no es ambiguo, no se esconde detrás de enigmas, no ha planeado el futuro del mundo de una manera indescifrable. No, Él es claro. … Dios con su amor llama a la puerta de nuestro corazón ¿Por qué? Para atraernos, para atraernos a Él y llevarnos adelante por el camino de la salvación … ¡Cuánto amor hay detrás de todo esto!... Así, el rezar «hágase tu voluntad», no es una invitación a bajar servilmente la cabeza, como si fuéramos esclavos. ¡No! Dios nos quiere libres; y es su amor el que nos libera. … ¡Ay de nosotros sí, al pronunciar estas palabras, nos encogiéramos de hombros y nos rindiéramos ante un destino que nos repugna y que no conseguimos cambiar! … Una oración valiente, incluso combativa, porque en el mundo hay muchas, demasiadas realidades que no obedecen al plan de Dios… Tiene sentido obedecer a este Dios y abandonarse a Él, incluso en la hora de la prueba más dura (Audiencia del 20-3-19). “Sin en el amor, nos quedamos muy cortos. – Cuando solo el “cumplo-y miento” interesa, - el corazón se nos queda muy roto”.
