El tiempo de coronavirus se nos ha convertido en tiempo de obligada solidaridad, por estar todos amenazados: juntos en la misma barca, somos uno con todos los que sufren. Pero, además, socialmente, ha dado la cara la vulnerabilidad de tantos y tantas que nos son cercanos. El Papa lo recordaba así: “qué difícil es quedarse en casa para aquel que vive en una pequeña vivienda precaria o que directamente carece de un techo. Qué difícil es para los migrantes, las personas privadas de libertad o para aquellos que realizan un proceso de sanación de adicciones…” Y lanzaba una exhortación: “Ahora, más que nunca, son las personas, las comunidades, los pueblos quienes deben estar en el centro, unidos para curar, cuidar, compartir” (A los Movimientos y Organizaciones sociales,14 abril 2020).
