¡Cansancio, desilusión, agobio! Nunca estamos libres de esta situación de congoja. Y en este tiempo de pandemia este “’león rugiente’ nos busca devorar. En el Año de la Misericordia, el Papa nos recordaba: “Tenemos momentos de cansancio y desilusión… A veces nuestro cansancio está causado por haber depositado nuestra confianza en cosas que no son lo esencial, porque nos hemos alejado de lo que vale realmente en la vida… Tener la mirada fija en el Hijo de Dios nos hace entender cuánto camino debemos recorrer aún; pero, al mismo tiempo, nos infunde la alegría de saber que estamos caminando con Él y que no estamos nunca solos. Ánimo, entonces, ¡ánimo! No nos dejemos quitar la alegría de ser discípulos del Señor… No nos dejemos robar la esperanza de vivir esta vida junto a Él y con la fuerza de su consuelo” (Audiencia del 14.9-16). “Y, manso, en Él nos pide apoyarnos - y encontrar en nuestras vidas cansadas - la fuerza para todos reanimarnos”.
