Iguales en la amenaza, no lo somos en sus consecuencias. El Papa Francisco lo expresaba con claridad en una reciente audiencia: “La pandemia ha dejado al descubierto la difícil situación de los pobres y la gran desigualdad que reina en el mundo. Y el virus, si bien no hace excepciones entre las personas, en su camino devastador, se ha topado con grandes desigualdades y discriminación. ¡Y las ha aumentado! La respuesta a la pandemia es, por tanto, doble. Por un lado, es indispensable encontrar la curación para un virus pequeño, pero terrible, que pone de rodillas a todo el mundo. Y por otro, tenemos que curar un gran virus, el de la injusticia social, de la desigualdad de oportunidades, de la marginación y de la falta de protección de los más débiles. En esta doble respuesta de sanación hay una elección que, según el Evangelio, no puede faltar: es la opción preferencial por los pobres… No es una opción política; ni tampoco una opción ideológica, una opción de partidos. La opción preferencial por los pobres está en el centro del Evangelio. Y el primero en hacerla fue Jesús” (Audiencia, 19-8-20) “Paso grande hay que dar en ser iguales - y muy preciso es darlo sin tardanza - sabiendo que distancias tan brutales - no reciben de Dios las alabanzas”.
