En la “nueva normalidad” que esperamos después que pase la pandemia, vamos a necesitar hacernos conscientes de nuestra fragilidad, de nuestro des-centramiento con relación a Dios y de todas las posibilidades que nos abre el vivirlo en lo más dentro como amor. El Papa Francisco nos animaba: “aun con todos los límites humanos, podemos convertirnos en un reflejo de la comunión de la Trinidad, de su bondad, de su belleza… Esto pasa necesariamente a través de la experiencia de la misericordia de Dios, de su perdón… Dios no está lejano y cerrado en sí mismo, sino que es Vida y quiere comunicarse; es apertura, es Amor que rescata al hombre de la infidelidad… Jesús nos manifestó el rostro de Dios, Uno y Trino: Dios es todo y solo amor (Angelus, 11-06-17). “Déjame que te aloje en mis adentros,/ y que de par en par te abra mis puertas/ dejándote en mi vida ser su Centro”.