El Corpus se nos quedó “abierto”, para que desde él, muy especialmente en estos tiempos de pandemia, constatemos de nuevo la paradoja: quien gana, pierde; quien pierde, gana. Porque la vida se realiza en la entrega. Comentaba el Papa Francisco: “quien vive para sí mismo, pierde; decimos que es un egoísta. Pero, parecería lo contrario: quien vive para sí mismo… parece un ganador a los ojos del mundo. La publicidad nos machaca con esta idea, – la idea de buscar solo lo propio, la idea del egoísmo-; pero Jesús no está de acuerdo y la rechaza. Según él, quien vive para sí mismo no solo pierde algo, sino que pierde toda la vida; mientras que quien se entrega encuentra el sentido de la vida y gana (Homilía en Palermo, 15-9-18). La Eucaristía es el “memorial” de esta paradoja: nos hace actual y presente la entrega de Jesús hasta el final y nos reclama la nuestra: “con Jesús abierto quedó el camino/, para en la suya encajar nuestra entrega/, sin la que todo será un desatino”.