¡Cómo gozamos la fiesta del Corpus, del Cuerpo y de la sangre de Jesús, que significa su presencia permanente entre nosotros como “cuerpo entregado” y sangre derramada”!¡ ¡Cómo gozamos de esa presencia eucarística! ¡y cómo nos llena y nos habla! Pero, recordemos que Jesús nos habló también de otra presencia: el “a mí me lo hicieron”: su presencia en los pobres. La reflexión de este soneto va por ahí, en estos tiempos en los que necesitamos “más mirar y más hacer” por los demás. Nos lo recordó el Papa en su mensaje para el “Día de los pobres” del 2020: “tiende tu mano al pobre” (Ver Eclo. 7.32). La antigua sabiduría formuló estas palabras como un código sagrado para seguir en la vida. Hoy, resuenan con todo su significado para ayudarnos también a nosotros a poner nuestra mirada en lo esencial y a superar las barreras de la indiferencia. La pobreza asume continuamente rostros diferentes, rostros que requieren una atención especial en cada situación particular; en cada una de ellas podemos encontrar a Jesús, el Señor, que nos reveló estar presente en sus hermanos más débiles (cf.Mt 25,40)”. Si en cada pobre descubro a un hermano,/y lo muestro a nivel de mis acciones,/ los dos Corpus habré vivido aunados.