“El agua que da la vida eterna fue derramada en nuestros corazones en el día de nuestro Bautismo; en aquel momento, Dios nos transformó y nos llenó de su gracia. Pero puede ser que este gran don lo hayamos olvidado, o reducido a un mero registro personal; y quizá vamos en busca de “pozos” cuyas aguas no nos sacian. Cuando olvidamos el agua verdadera, buscamos pozos que no tienen aguas limpias. ¡Entonces este evangelio es precisamente para nosotros! No solo para la samaritana, para nosotros. Jesús nos habla como a la samaritana. Es verdad que nosotros ya lo conocemos, pero quizá todavía no lo hemos encontrado personalmente… Este tiempo de Cuaresma es una buena ocasión para acercarnos a Él, encontrarlo en la oración en un diálogo de corazón a corazón, hablar con Él, escucharlo; es una buena ocasión para ver su rostro también en el rostro de los hermanos y hermanas que sufren” (Papa Francisco. Angelus del 19.3.17)