Cuidarse significa luchar por superar los propios defectos, el amor propio y crecer en el amor de Dios, y esto se logra si se da la debida importancia a las prácticas de piedad, al recogimiento (FSP32*, 435).
Por lo tanto, es necesario crecer en el amor de Dios. Este amor es una calidez, una prontitud en el servicio del Señor, una prontitud que es lo opuesto a la tibieza, a la lentitud en lo que concierne a Dios y al prójimo (FSP32*,433-434).
¡Oh! ¡Qué gran paz la de un alma consagrada a Dios!... Cuando uno ha entregado su vida por Jesús, ¡qué serenidad en la muerte!... Jesús da, a quienes se entregan por completo a él, su paraíso, a sí mismo (AP 1960, 114).