Siempre soy malo, recen para que me convierta. ¡Esten serenos! El Señor les guiará: “Accedite ad eum et illuminamini” [= acudan a él y serán iluminados] (Correspondencia, 1926).
¡Ahora los bendigo! Estoy seguro de que el Señor tiene su santa mano sobre sus cabezas. Tenga piedad de mí, que me extravío como un pollito perdido en... la nada (Correspondencia, Alba, 1927).
Obedezcan con la mente y con el corazón, luego con las acciones. ¡Ámense unos a otros! Sean recogidas. ¡El punto estratégico es la pureza! ¡Quien la pierda, está perdido! Quien la salva, está salvo (Correspondencia, 1927).
Quiero que me escriban cada vez que surja algo especial. Las cartas de ustedes son como la voz argentina [clara y límpida...] de hijos queridos, que siempre despiertan en mí todos los sentimientos y deseos que tengo por ustedes y por la santificación de ustedes (Correspondencia, 1927).