Es necesario ver si se avanza, si se tiene caridad positiva, si se progresa un poco todos los días. Ver si nos volvemos más fervientes, más celosos en el apostolado (FSP32*, 337).
Hagamos el examen conciencia y veamos si amamos a las almas y al prójimo por amor a nuestro Señor Jesucristo. Él amó tanto a las almas que dio su sangre y su vida [por ellas] (FSP32*, 337).
Reflexionen atentamente sobre la caridad mutua, que no es compadecerse, sino ayudarse, beneficiarse unos a otros, desearse el bien, orar (FSP32*, 336).
Dirán: «Este Primer Maestro solo nos predica deberes». Es cierto, pero también les digo los medios: gracia, gracia, gracia. Luego, piedad, ayudas espirituales y consuelo: el esposo del alma de ustedes es Jesús (Predicaciones a las Hermanas Pastorictas, IV, 46).
Todo lo que hacen por las almas, lo hacen por Jesús; es decir, Jesús lo toma para sí mismo, como lo hicieran por él. Como dijo: «Y si tuve hambre, me dieron de comer» (Mt 25,35)… Jesús, el Buen Pastor, precederá a todas sus santas e inocentes ovejas. Y entonces, una feliz eternidad (A las Hermanas de Jesús Buen Pastor 1965, n. 218).
Tenemos un tesoro precioso: la vocación, en una vasija frágil. Solo la oración nos protegerá de los muchos peligros que la amenazan y hará que el don de Dios dé fruto (FSP32*, 460).
Hablen poco, cuanto menos hablen mejor, es necesario acortar un poco la lengua, muchas cosas dichas sin pensar tienen consecuencias, y lleva tiempo arreglar las cosas (FSP32*, 334).