Hace unos días meditaba sobre una carta del Señor Maestro de 1942 que decía: «No son vocaciones lo que falta, sino más bien lo que hay es una deficiencia de formación». ¡Espíritu paulino! (FSP52, 293).
¿En qué consiste entonces la perfección religiosa? En la perfección espiritual de la mente; en la perfección espiritual de la voluntad; en la perfección espiritual del corazón (FSP32*, 428).
Quien lee las Escrituras imprime tanto en sí mismo la voluntad de Dios, que su voluntad se fortalece, quiere obedecer, se impregna de la autoridad de Dios y del poder que Dios tiene para mandar (FSP32*, 403).
Así que hagan bien las pequeñas cosas cotidianas. Pero, ante todo, es necesario apreciarlas mucho, porque la vida se compone de pequeños momentos, como un lienzo. ¿Quién será un santo? Quien haya santificado cada instante (FSP32*, 308).