Juan el Bautista confesó lo que era: «La voz del que clama: “¡Enderecen los caminos del Señor!”» (Jn 1,23). Así que, cuando el Señor nos da una misión, debemos cumplirla. Confesar que tenemos una misión, que debemos cumplirla, y hacerlo con libertad y sinceridad, pero con prudencia, es servir y amar a Dios. Servir a Dios y amar a Dios (AP 1957, 224).
Beato Santiago Alberione
