Cuando Marta y María invitaron y acogieron al divino Maestro, María, sin atender a nada más, entró en íntima comunicación con Jesús, en una reunión familiar, olvidó todo lo demás que de alguna manera pudiera preocuparla, no pensó en otra cosa que en hablar con Jesús y escuchar sus divinas enseñanzas (FSP32*, 427).
Beato Santiago Alberione