LO MÁS IMPORTANTE EN LA ORACIÓN
Lo siguiente es una reflexión-oración que realicé hace años y que, al releerla, me ayuda a día de hoy. No ha perdido actualidad y puede ayudar también a otros en el momento de orar; por eso la comparto. Dice así:
Lo más importante, diría que lo único, la esencia de la oración, incluida mucho más la contemplativa, es vivir ese tiempo tomando conciencia de estar contigo, Señor.
Es esa atención amorosa de la que habla San Juan de la Cruz la que debe ocupar todo el tiempo, en la fe de que estás presente aquí, conmigo, y yo contigo.
Las respiraciones profundas del principio y una cierta relajación, también en tu Presencia, sirven como preparación de la «sala interior», de la mente, para que esta pueda acogerte mejor.
Al principio, pedir a María que Ella esté presente en ese rato de estar con su Hijo, aunque después no la recordemos, porque Ella deja siempre a Jesús en primer lugar. Pedir también al Espíritu Santo su presencia, para que guíe nuestra oración y nosotros nos dejemos conducir por Él.
Vivir ese rato como un momento único de nuestro día, un momento privilegiado. No todos pueden tener tiempo para ello y no todos son llamados a orar de esta manera.
Es como un viaje en el que salimos de nosotros mismos para poder estar con el Dios del Universo, para vivir la auténtica realidad de lo que somos.
Este viaje siempre nos conduce a un destino maravilloso. Lo normal es que lo contemplemos después de muchísimos pequeños viajes, pero también, por la gracia de Dios, puede que recibamos algún don especial que, aunque no hagamos nuestra oración por ello, sí debemos estar atentos a lo largo de toda ella, pues el final y la meta es la misma oración. No debemos buscar ni esperar más.
Atención amorosa porque Dios así lo quiere y nosotros también. Y para que nuestra imaginación no nos lleve lejos de donde estamos, aquí, con Jesús, nos valemos de alguna palabra que repetimos suavemente muchas veces, hasta que nos centremos otra vez en con quién estamos. Puede ser el mismo nombre, “Jesús”; «Dios mío»; o aquella que el Espíritu Santo nos inspire.
Puede ser también una jaculatoria o alguna frase de la Sagrada Escritura.
Y si estamos muy excitados, quiero decir, muy preocupados por algo, presentar nuestra preocupación o preocupaciones al Señor y rezar muy despacito el Padrenuestro, la oración por excelencia, con poder por ella misma.
Mari Muñoz
(ISVA)
Madrid 13 de agosto de 2026
