En las [Sagradas] Escrituras: quien toma la pluma es ese hagiógrafo (escritor sagrado) en particular, suyo es el lenguaje, pulido y más o menos elegante según su educación, etc., suyo es el estilo, pero el verdadero autor es Dios, el Espíritu Santo (FSP32*, 356).
Procuren leer la Biblia frecuentemente y sentirán el horror al pecado, el deseo de acercarse cada vez más al Señor, tendrán pensamientos elevados, celestiales, solo buscarán el cielo y basta (FSP32*, 355).
El amor a Dios está en primer lugar en la mente; cuando la mente piensa bien, ama a Dios; cuando persigue pensamientos de envidia, de orgullo... ¡no ama al Señor! (FSP32*, 519).
Intenten leer un pasaje del Evangelio, un pasaje de la Sabiduría y cambiarán sus pensamientos, habrán empezado a leer como hombres y acabaran como dioses, con pensamientos divinos (FSP32*, 353).
Quienes leen las Escrituras aumentan su fe; quienes orando, tienen frecuentemente este libro en sus manos y lo hacen su alimento diario y divino, poco a poco se vuelven sobrenaturales en sus pensamientos, sobrenaturales en sus razonamientos, sobrenaturales en sus juicios y aspiraciones (FSP32*, 352-353).