A veces se ven bellas bibliotecas privadas repletas de elegantes volúmenes y tratados sobre ciencias humanas, pero ¡Vayan y busquen el libro de la única ciencia necesaria: la palabra de Dios! (FSP32*, 361).
Recitemos con gran amor el Acto de Caridad, para que se encienda en nuestros corazones el amor de Dios y de las almas, ese fuego divino que arde en el Corazón de Jesús (FSP32*, 364).
De la Biblia aprendemos la fe, la esperanza y la caridad y leyendo la Biblia nuestra fe se nutre, nuestra esperanza aumenta y la caridad se enciende (FSP32*, 363).
El Espíritu Santo es el sol, los santos son las estrellas; el sol tiene luz propia, mientras que las estrellas, aunque las hay más y menos brillantes, brillan por reflejo, pero la estrella más grande es Dios (FSP32*, 365).
Sólo cuando vivamos según el Evangelio y sólo si las naciones se gobiernan según los principios del Evangelio encontrarán la paz: la paz que viene de Jesucristo y se da a los que tienen buena voluntad (RSP 310).
Santo Domingo se opuso inicialmente con sus palabras de apóstol, pero fue en vano. Entonces recurrió a María; recitó e hizo que todos rezaran el Santo Rosario en todas partes, haciéndoles meditar en los santos misterios. María triunfó; la paz regresó (RdA 163-164)