Obedezcan con la mente y con el corazón, luego con las acciones. ¡Ámense unos a otros! Sean recogidas. ¡El punto estratégico es la pureza! ¡Quien la pierda, está perdido! Quien la salva, está salvo (Correspondencia, 1927).
Quiero que me escriban cada vez que surja algo especial. Las cartas de ustedes son como la voz argentina [clara y límpida...] de hijos queridos, que siempre despiertan en mí todos los sentimientos y deseos que tengo por ustedes y por la santificación de ustedes (Correspondencia, 1927).
La confesión: abre el cielo, cierra el infierno, restituye los méritos perdidos por la culpa y restaura la paz del corazón (Donec formetur Christus in vobis, pp. 269-270).
Dios escribió: Los hombres no reciben la carta, sino que la llevan ustedes, para que todos la reciban y si actúan bien como carteros de Dios, estén seguros de que han encontrado el camino al cielo (FSP32*, 535).
¡Gran sacramento! El sacramento del perdón, de la reconciliación, el sacramento que trae la paz, el sacramento que quita nuestros males: lo defectuoso, lo que desagrada al Señor. ¡Gran gracia! (AP 1963, 238).