miércoles, 9 de septiembre de 2020

SONETO: LOS MÁRGENES

Los costes sociales de la pandemia son enormes e hirientes. Y se ha revelado como el otro gran virus contra el que hay que luchar con la misma intensa diligencia con la que nos situamos frente al coronavirus. El Papa Francisco lo recordaba con urgencia: “La pandemia ha dejado al descubierto la difícil situación de los pobres y la gran desigualdad que reina en el mundo. Y el virus, si bien no hace excepciones entre las personas, ha encontrado, en su camino devastador, grandes desigualdades y discriminación. ¡Y las ha incrementado! La respuesta a la pandemia es, por tanto, doble: por un lado, es indispensable encontrar la cura para un virus pequeño pero terrible, que pone de rodillas a todo el mundo. Por el otro, tenemos que curar otro gran virus, el de la injusticia social, de la desigualdad de oportunidades, de la marginación y de la falta de protección de los más débiles. En esta doble respuesta de sanación hay una elección que, según el Evangelio, no puede faltar: es la opción preferencial por los pobres” (Audiencia, 19-8-20). “Vivir este tiempo a los pobres unidos: - hacer de este mundo un “hogar” hermanado, - si de Jesús nos decimos testigos”.


La pandemia es para todos lo mismo,
pero es diferente el lugar de vivirla:
a quien en márgenes toca sufrirla
a la desgracia le suma un abismo.

De sabios es recoger el aviso
y aprender que hay que saber desvestirla
y, desnuda, en su crueldad descubrirla,
y vencerla más allá de eufemismos.

Con los pobres su maldad se ha cebado
y a tantas plagas del hambre ha añadido
mucho pequeño horizonte cortado.

Vivir este tiempo a los pobres unidos:
hacer de este mundo un “hogar” hermanado, 
si de Jesús nos decimos testigos.

P. Pedro Jaramillo
Parroquia San Juan de la Cruz (Guatemala)