domingo, 13 de diciembre de 2020

III DOMINGO DE ADVIENTO - 2020

 Hoy agradecemos a  nuestra Hermana, Mari Muñoz,  ( anunciatina),  que comparta su reflexión sobre este Tercer Domingo de Adviento del Ciclo B, Domingo de Gaudete. 

El contestó: “Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías”( San Juan 1, 8)

 Esta Palabra nos la  está dirigiendo el Señor a nosotros en este Adviento de 2020, por medio de San Juan Bautista, ha atravesado los siglos y nos llega hoy resonando como nueva.

La iniciativa parte de Dios, en aquel tiempo, envió a Juan a predicar, pero hay un detalle muy significativo y es que también envió al río Jordán a toda la muchedumbre que se acercaba a Juan, la gente por sí sola no se hubiera movido, hasta de lugares lejanos se acercaban allí, era Dios quien movía a cada uno de los que allí se encaminaban. Hoy día es también Dios el que nos mueve a una renovación en nuestras vidas.

 Lo que dice el profeta Isaías nos ayuda a entender mejor a Juan:

Una voz grita: Preparad en el desierto para el Señor un camino,  allanad en la estepa una senda para nuestro Dios. Que los valles se eleven, que las montañas y colinas se abajen, que los caminos tortuosos se hagan rectos y los escabrosos llanos. La gloria del Señor se manifestará y todo mortal la verá, porque la boca del Señor ha hablado.( Isaías 40, 3-5)

Si queremos que Jesús venga a nosotros, tenemos que allanarle el camino, y cada uno nos preguntaremos qué es lo que debemos allanar, debemos descubrir por tanto qué es lo que impide que Jesús pueda venir en plenitud a nosotros, ¿cuáles son los obstáculos mayores? Para cada persona serán distintos creo yo, aunque algunos sean comunes, las imágenes de Isaías de la Naturaleza que se va transformando, nos da una idea de que es lo que tenemos que hacer en nuestras vidas sobre todo en nuestras relaciones con los demás, pero también en nuestro espíritu, procurando que en nuestra mente haya más sitio para la acogida del Señor, buscando momentos de silencio, dejando nuestras preocupaciones de todo tipo en sus manos para poder pensar un poquito más en Él, y verdaderamente nos ayudará.

Que la parte de desierto que pueda haber en nuestro corazón, acoja esta Palabra y con su poder, pueda transformarlo totalmente, y podamos vivir en esa espera de la gloria del Señor, junto a María, de su mano siempre.

Mari Muñoz