Encierren a menudo el corazón en el Sagrario, con doble llave, para que nunca más se escape; encierren bien sus cabezas en el Sagrario, colóquenla bajo los pies de la Virgen. Sirvan bien al Señor y entréguenle sinceramente mente y corazón (FSP32*, 341).
Beato Santiago Alberione