Los orgullosos traicionan su apostolado, su ministerio. Y si hay humildad, aunque tengan pocos dones, ¡qué bien se vive! El Cura de Ars: un humilde párroco de un pequeño pueblo, atraía a almas de todas partes que acudían a arrodillarse a sus pies, incluso figuras prominentes (A las Hermanas de Jesús Buen Pastor 1965, n. 422).
Beato santiago Alberione