[Hay almas que] envían a menudo ardientes aspiraciones a Jesús, si ven las paredes de una iglesia, las atraviesan con el corazón, llegan al Sagrario, pasan por la puertecita y van con valentía, como palomas, a saciar su sed en esa fuente de gracias que es el Corazón Eucarístico de Jesús (FSP32*, 415).
Beato Santiago Alberione