En el santo Evangelio palpita el corazón amorosísimo de Jesús. Vayamos pues y descansemos en su pecho; Él nos dará calor y nos hará conocer lo que quiere de nosotros (LS 275).
En el santuario Regina Apostolorum Jesús desde el sagrario repite: «Yo soy la luz del mundo» (Jn 8,12). «Ustedes son la luz del mundo» (Mt 5,14). Quiere decir: «Piénsenlo, yo he sido la luz para el mundo; pero ahora son ustedes la luz del mundo…» Hay que sentir las almas, sentir la misión, la vocación (FSP-Spiegazione delle Costituzioni, 233).
Cuando un alma es tibia y no siente el calor espiritual, es decir, cuando no tiene el espíritu de piedad, que tome la Biblia y la lea; sentirá en seguida que su corazón se inflama de santos deseos y que su mente se ilumina con la luz divina, haciendo así que su voluntad conciba propósitos firmes (LS 274-275).
Ustedes escuchan y leen muchas cosas de ascética y de vida espiritual, pero si toman la Biblia en las manos y la abren, encontrarán en ella todas esas verdades según su belleza genuina. Podríamos representar todos los libros espirituales con una multitud de rayos de luz cuyo origen es la sagrada Escritura (LS 274).
Hay que ser agradecidos con las gracias de la llamada y de la fundación del Instituto. Con todas las atenciones diarias y todas las gracias que ven crecer fuera a su alrededor, y luego las gracias interiores de cada una (APD64,28).
Quien ama mucho a san Pablo y lo sigue adquiere un espíritu fuerte, asciende más fácilmente a la santidad, deja de lado todos los chismes de las comunidades y se eleva cada vez más en un ambiente sereno, se eleva cada vez más hacia Dios y juzga las cosas no según las pequeñas dificultades... sino que las juzga desde lo Alto, en Dios, en Jesucristo (APD56, 504).